Colección Aire Nuevo

Vulgata Caribe


     Al comienzo no existían estas calles de polvo por las que ahora deambulan perros hambrientos y predicadores que anuncian entre cánticos el fin del mundo. Ningún ladrillo se había puesto, nimguna casa se había construido; ninguna iglesia había sido erigida, ningún cuartel político había sido edificado. La Tres, morada del guaguancó y el son montuno, refugio de la rumba brava, no estaba hecha; la Casa del Pueblo era un sueño en la nada. Los treinta mil colonos no babían venido, Chibolo no se había fundado. Tampoco existían Lipaya y Ciudad Sandino, Cuatro Bocas y Esperanza, La Chinita y Me Quejo. Todo lo que se ve y cuanto escapa a la mirada era boscaje, espesura sin límites donde revoloteaba la mariposa blanca y reinaba el tigre montés. Hubo luego una guerra larga y sangrienta, que los vencedores llamaron de la Emancipación, y el mercader Gamarra, el Gavilán Mayor; se convirtió en el dueño de la tierra. Y llamó el mercader a sus dominios El Trapiche, porque se dijo: Donde hoy brota la maleza tendré el cañaveral más grande que se haya visto jamás.         

Desde los andurriales de Malambo llegó entonces Primitivo Barrios, cruce de criollo con negra liberta, que tenía corpulencia de toro y manazas de desbrozador. Cuando arribó a El Trapiche, el mercader Gamarra lo escudriñó de…